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Nutrición en la tercera edad

Información sobre la nutrición en la tercera edad y cuales son los mejores grupos de alimentos que debes incorporar.

Alimentación en la tercera edad

Recomendaciones nutricionales en la tercera edad

En los ancianos se produce una disminución en las necesidades energéticas debido a varios factores:

  • Disminución de la masa muscular corporal.
  • Menor metabolismo basal.
  • Disminución de la actividad física.
  • Las necesidades nutritivas de este colectivo son diferentes entre ellos, al igual que son heterogéneos los distintos miembros del grupo.

Las necesidades de energía y nutrientes dependerán del sexo, el peso, la talla, la actividad física, el estado biológico y el metabolismo de base, pero también de sus hábitos alimenticios. Podemos decir que las necesidades son aquellas que permitan mantener al individuo en un peso corporal próximo al ideal, con una razonable actividad física y en un buen estado de salud.

Una fórmula sencilla para calcular el peso ideal (PI) en personas de más de 60 años de complexión media es:

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PI = Estatura en centímetros (sin calcado) – 100*
*Se debe deducir un 10% en los hombres y un 15% en las mujeres.

Las ingestas recomendadas para la población anciana española (Tablas I a, b y c) son para individuos con talla y peso medios y una actividad ligera.

La ración protéica debe cubrir las recomendaciones, estando en armonía con la función renal y manteniendo el equilibrio nitrogenado. El porcentaje respecto a la energía total diaria será del 12 al 15% (siendo el 40% del origen animal y el 60% de origen vegetal.

Los hidratos de carbono representarán del 55 al 60% del aporte calórico diario en forma de carbohidratos complejos preferentemente. El consumo de azúcar refinado no debe superar el 5%, reservando la posibilidad de ingerir azúcar, glucosa o fructosa a través de frutas y zumos, que aportan sales minerales, vitaminas y fibra dietética.

La cantidad de fibra aconsejable en la dieta es de 30 gramos/día.

El estreñimiento es una de las alteraciones gastrointestianles más frecuentes en la edad avanzada, debido sobre todo a una disminución del tono muscular y del peristaltismo. En estos casos, la ingesta de fibra es importante, pero también hay que incluir agua (agua de bebida, sopas, caldos, verduras, frutas, zumos, etc.)de forma abundante en la dieta.

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La ración lipídica debe ser del 25 al 30% de la energía total diaria. Un 8% en forma de ácidos grasos saturados (origen animal), un 12% de monoinsaturados (aceite de oliva) y un 10% de ácidos grasos poliinsaturados (aceites de semillas y pescado azul). Las grasas de origen animal deben ser reducidas, sobre todo en ancianos con antecedentes de aterosclerosis, pero no deben suprimirse totalmente.

Las ingestas de colesterol deberán ser inferiores a 300 mg/día.

Con objeto de cubrir los requerimientos de minerales y vitaminas es aconsejable consumir leche y/o derivados (2 ó 3 raciones/día para asegurar el aporte de calcio; parece más idóneo el consumo de yogures naturales que facilitan la digestión y el mantenimiento de l aflora intestinal), verduras y hortalizas (una ración en forma de ensalada muy troceada y aprovechando las partes verdes, y otra ración en forma cocida), y frutas (dos raciones o más al día, bien lavadas y preferentemente peladas, una de las frutas cítricas y otra melocotón, albaricoque, etc.).

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La amplia variabilidad interpersonal en cuanto a los requerimientos nutricionales hace necesaria la prescripción de dietas individualizadas. Diversos estudios han puesto de manifiesto la existencia de obesidad en ancianos (Índice de Masa Corporal >30), con porcentajes próximos al 17%. Sin embargo, muchos ancianos no ingieren la cantidad de alimentos necesaria para satisfacer las necesidades energéticas. Los ancianos deben seguir una dieta rica en nutrientes.

Ni las pautas ni las recomendaciones podrán ser válidas si no se acompañan de una labor de educación sanitaria, que enseñe, motive y justifique el beneficio de prácticas y actitudes sanas en la promoción de la salud de la persona anciana.

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